• 19Oct
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    Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,

    Como leves briznas al viento y al azar.

    Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.

    La vida es clara, undívaga y abierta como un mar.

     

    Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,

    Como en abril el campo, que tiembla de pasión:

    Bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,

    El alma está brotando florestas de ilusión.

     

    Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…

    - niñez en el crepúsculo, lagunas de zafir-

    Que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza

    Y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

     

    Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,

    Como la entraña oscura de oscuro pedernal:

    La noche nos sorprende con sus profusas lámparas,

    En rútilas monedas tasando el bien y el mal.

     

    Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,

    Que nos depara en vano su carne de mujer:

    Tras de ceñir un talle y acariciar un seno,

    La redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

     

    Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,

    Como en las noches lúgubres el llanto del pinar.

    El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,

    Y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.

     

    Más hay también, ¡oh Tierra!, un día…un día…un día

    En que levamos anclas para jamás volver…

    Un día en que discurren vientos ineluctables.

    ¡Un día en que ya nadie nos puede retener!

     

     

    Porfirio Barba Jacob (Santa Rosa de Osos, 1883, México, 1942)

    Lo bautizaron con el nombre de Miguel Angel Osorio; pero también se hizo llamar Juan Azteca, Main Ximénez, Ricardo Arenales.

  • 15Oct
    Categories: Artículos Comments: 0

    La mayoría de las personas se quejan por la falta de tiempo, sin embargo, no es el poco tiempo sino lo que se hace con el. 

     

    Cada persona de acuerdo a sus intereses escoge que hacer con su vida; unos se dedican afanosamente a trabajos sin sentido, otro se empapan de vino y placeres, otros se hacen presos de la avaricia, otros languidecen en la inactividad, otros el deseo de aventura los lleva a través de todos los mares, otros están pendientes del peligro ajeno o angustiados por el suyo, hay gente que se consumen en una esclavitud voluntaria a la entrega, no correspondida, a los superiores, a muchos los retiene la ansiedad por la fortuna ajena o la insatisfacción por la propia.

     

    Así mismo, las preguntas son: ¿Cuánto tiempo se lleva el banco, el amigo, el jefe, el cliente, los pleitos, el ir y venir sin sentido por la ciudad, las enfermedades que se procuran voluntariamente, el tiempo que se quedó sin utilizar? ¿Cuántos destrozan otras vidas o la tuya sin que te dieras cuenta?, ¿Cuánto se ha llevado un dolor inútil, una ansiedad excesiva, una vida muelle?; ¿Cuánto aquellos que maquinan traiciones?; ¿Cuánto en temerlas?; ¿Cuánto en adular?, ¿Cuánto en ser adulados?; ¿Cuánto en cenas que se convierten en deber?; ¿Cuántos aquél amigo que retiene no por amistad sino por conveniencia?.

     

    Se vive como si se fuera a vivir para siempre. Hay un acoso permanente por algún interés del momento que ocupa el tiempo. Se consume el tiempo en beneficio de otro. No hay pertenencia así mismo. Se deja lo personal. Se muere antes de tiempo. Cuando el día que se entrega a algo, sea persona o cosa, es el último. Por lo que se tienen menos años de los que se cuenta.

     

    La mayor pérdida de vida es la dilación. Esta elimina los días a medida que se van presentando, quita el presente mientras promete lo que está más allá. El mayor obstáculo para vivir es la espera, mientras se está pendiente del mañana se pierde el hoy.

     

    La vida se divide en tres momentos: la que fue, la que es, la que será. De ellas la que se vive es breve, la que se va a  vivir, dudosa, la que hemos vivida, fija. El tiempo presente es el más breve, hasta el punto de que es cierto que parece inexistente.

     

    Nadie devuelve los años, la vida marcha y no da marcha atrás, ni  para, no hay alteraciones, tampoco advertencias sobre la velocidad. Se desliza en silencio.  No se desvía hacia ningún lado, no se detiene en ningún lado. La vida se apresura, entretanto, se presenta la muerte y se quiera o no hay que concederle el tiempo.

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