Las pasiones son las mismas en todos los hombres y mujeres: deseo, miedo, esperanza, odio, celos, etc. Salvo los objetos de estas pasiones que varían según la constitución de cada individuo y su particular educación. Las pasiones parece ser que son fáciles de ocultar, se pueden disfrazar con el disimulo, el engaño, la falsedad y las ideas erróneas, sin embargo, nadie realmente puede escapar al verdadero sentir.
Cada emoción tiene su particularidad. La tristeza proviene de albergar la opinión de que se carece de fuerza o poder. La depresión repentina causa el llanto y este es causado por esos accidentes que eliminan de pronto una gran esperanza o que ponen freno al propio poder. Tiene sus variaciones, cuando la tristeza surge ante el descubrimiento de algún defecto en la propia capacidad se denomina vergüenza. La tristeza por las calamidades de otros se llama compasión. Sentir tristeza por el éxito, honor o cualquier otro bien si va acompañado por un esfuerzo para igualarlo o superarlo se llama emulación pero si va unido al empeño por suplantar u obstaculizar se llama envidia.
Cada quien ha tenido grandes y profundas tristezas que han pasado ya. Las tristezas atraviesan lo más profundo de las personas y algún lugar del ser se transforma mientras se está triste. Sin embargo, la tristeza en la sociedad actual la convierten en malas tristezas, se llevan a sofocar entre la gente, en las masas, en el ruido, en la música de despecho, el licor y en estas circunstancias la tristeza sólo se retira para declararse, después de una breve pausa, se vuelve más terrible, se acumula dentro y es vida no vivida, perdida, por la que se puede morir.
Si fuese posible ver más allá, tal vez se sobrellevaría la tristeza con mayor confianza que la alegría. La tristeza da la oportunidad de sentir que algo nuevo, algo desconocido entra en cada quien, los sentidos enmudecen sobrecogidos de temor; todo se retrae, se produce una tregua, y lo nuevo, lo que nadie conoce, se yergue en medio y calla. Casi todas las tristezas son momentos de tensión, que a modo de parálisis se experimenta porque ya no se percibe el vivir de los sentidos. Porque se está solo con lo desconocido y quita por un instante todo lo familiar y habitual.
Es por eso que también la tristeza pasa, lo nuevo, lo agregado, entra en el corazón, va a su cámara íntima, y ya tampoco está allí… Se podría hacer creer fácilmente que no ha acontecido nada, y sin embargo hay una transformación como se transforma una casa en la que ha entrado un huésped. De ahí que sea tan importante estar solitario y atento cuando se está triste: porque el instante aparentemente en blanco, inmóvil, en que penetra la tristeza, se encuentra mucho más cerca de la vida. Cuanto más serenos y francos estemos con la tristeza, tanto más profunda y decididamente entra en cada quien lo nuevo y tanto mejor se asimila.
Se debe pensar que algo se verifica en cada quien, que la vida no nos ha olvidado y no lo dejará caer. Cada persona se encuentra en evolución y nada se desea tanto como la transformación. En ocasiones los procesos son enfermizos, sin embargo, la enfermedad es un medio por el cual un organismo se libera de lo extraño. Es importante no observarse demasiado, no extraer conclusiones precipitadas de lo que ocurra, dejar ocurrir, simplemente. De lo contario se puede llegar con demasiada facilidad a considerar con reporoches el pasado, el cual naturalmente, es parte en todo lo que en el ahora sobreviene.
