• 18Nov
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    Los antiguos egipcios creían que la conciencia residía en el corazón, opinión que compartieron Aristóteles y la tradición filosófica medieval. Posteriormente René Descartes postuló la separación entre el pensamiento consciente y la parte física del cerebro. Thomas Willis el padre de la neurología fue el primero en sugerir no sólo que el cerebro era la residencia de la mente, sino que sus distintas partes daban origen a funciones cognitivas específicas. La “casilla” neural en la que se recuerda un número telefónico es distinta de aquella en la que se recuerda un rostro; y entre recordar una cara famosa o la del mejor amigo, se activan en el cerebro circuitos y grados distintos por todo el cerebro, como un telar encantado. 

     

    El desarrollo de la corteza cerebral alcanza el mayor grosor a los 11 años en las niñas, en los niños, lo alcanzan un año y medio más tarde. A este crecimiento le sigue un periodo de adelgazamiento de la sustancia gris que dura toda la adolescencia. Las primeras áreas en finalizar el proceso son las involucradas en funciones básicas, como el procesamiento sensorial  y el movimiento. Después le siguen las regiones que rigen la orientación espacial y el lenguaje. La última área del cerebro en alcanzar la madurez es el llamado cerebro ejecutivo, donde se ponderan alternativas, se planea el futuro y se cuida la propia conducta. El cerebro ejecutivo alcanza niveles adultos a los 25 años de edad. Antes, se tienen pasiones adultas, impulso sexual y energía, pero su control ocurre mucho después.

     

    Sin embargo, la madurez de la sustancia gris del cerebro, no indica el fin del cambio mental. Lo que impresiona es la plasticidad del cerebro: su capacidad para volver a moldearse y reorganizarse siempre. Esta se hace evidente en las diferentes habilidades o la capacidad de aprendizaje permanente con que cada persona decide estudiar siempre algo nuevo. La actitud del aprendizaje permanente  hace que el cerebro crezca en la parte que es estimulada. El cerebro continuamente se revisa a sí mismo. Si bien la plasticidad cerebral empieza a degradarse en las épocas posteriores de la vida, es posible que nunca sea demasiado tarde para enseñar nuevos trucos a un cerebro viejo, así como con el cuerpo.

     

    Hábitos que fortalecen o hábitos que retroceden. Los primeros requieren de más esfuerzo en cuanto a tiempo, dedicación, perseverancia y trabajo. Una y otra vez, sin desistir a pesar de que no se avance como se pretende. Las cosas sólo se consiguen a través de la perseverancia, y el gran deseo de hacer. Cuando se quiere algo, cualquier excusa no tiene fundamento. Simplemente se hace. Nada es gratuito, es una dualidad entre la quietud y el actuar lo que hace la diferencia entre las personas, no tanto la genialidad o el talento sino la perseverancia para mantenerse en constante aprendizaje, para renovarse y revisarse así mismo mientras se tenga un hálito de vida.