No todas las personas son iguales, cada una tiene características particulares, tanto para resaltar como para pulimentar. Sin embargo, hay dos grandes categorías: la primera está integrada por aquéllos que están dispuestos a ejercer control sobre sí mismos, con objetivos pragmáticos que benefician a otras personas. La otra categoría está compuesta por aquellos a quienes no les importan ni el control de sí mismos, ni objetivos que beneficien a otros, sino a ellos mismos. Con cada decisión acumulada, cada persona toma un camino.
La primera categoría representa a personas que reflejan mucho poder personal en su rostro, con su presencia, en su actitud, son lúcidas absolutamente, tienen claridad, imaginación, seguras de lo que hacen por difícil que sea. Tienen coraje, pero no del coraje tergiversado con orgullo o de la competencia “soy mejor que tu”, sino de la fuerza interior pensada colectivamente. Tampoco es del coraje de la fuerza bruta, sino moral y espiritual. Hay impecabilidad en su actuar. No hacen parte del común. Tienen talento, cuando hablan tienen gracia copiosa. Pareciera que cuando las personas trasciendan su individualidad, sobresalen, sin buscarlo. Nacen para abrir caminos nuevos. Son guerreros.
A estos elefantes blancos todos los perros salen a ladrarle; por su gran luz y por ser raros en su especie, hacen bastante sombra; generan mucha envidia y obstrucción de la segunda categoría en formación que buscan reconocimientos individuales. Estas personas deben unir toda su fuerza para no ser derrotados, en primer lugar, darse cuenta que no son personas del común y esto lleva su tiempo.
En este sentido, es la fuerza de una persona, contra el colectivo de un montón de gente, masa, que se unen en su mediocridad para acabar con ataques certeros y sin misericordia con diferente nivel de intensidad; en ocasiones son torturadores, hacen la vida imposible; atormentan con brutalidad y violencia, crean insoportable aprensión, oprimen con tristeza; y en otras, hostigan, infligen injurias, son exasperantes, molestos a más no poder, atormentan haciendo enfurecer.
La importancia personal es el mayor enemigo de una persona y no puede combatirse con delicadezas; lo que debilita, es la ofensa por los hechos y malhechos de los demás. La importancia personal requiere que se pase la mayor parte de la vida ofendidos por alguien por lo que se es muy vulnerable. Lo que acaba con la importancia personal es comprender que la realidad es una interpretación que cada quien hace.
Sin embargo, el ser derrotado, no es mortal sino devastador. Cualquiera que sea del primer grupo y se una al segundo grupo, queda derrotado. El actuar sin control o disciplina es estar derrotado.
¿ y qué pasa cuando se es derrotado?
O bien se vuelve a la pelea con más tino, o se deja el camino del guerrero y se alinea de por vida a las filas del segundo grupo. No hay opciones intermedias.
