Parece ser que la Paz Interior no es un decir de las religiones.
Ha tendido a ser maltratada por el exceso de uso que han hecho de ella, las reinas, los políticos, o bien toda persona que la utiliza como palabra de moda y que se desgasta por la repetición cancina de frases como: “queremos paz en el mundo” o “queremos la paz”, o la “paz de Colombia”, en un mundo cada vez más necesitada de ella. A su vez, los diferentes medios de comunicación, transmiten a su modo, que lo esencial de la vida, lo que da “felicidad”, son los sitios turísticos, viajes, carros, bienes, ropa, dinero para derrochar y cosas que son importantes; pero no tanto como para dar una felicidad real, sino sólo una alegría pasajera, con cierta insatisfacción para siempre ansiar más. En el fondo de cada quien, cuando no se tiene Paz Interior, los lugares se tornan vacíos, las personas y los objetivos. Se ha visto que las personas cuando tienen Paz Interior no necesitan de tanto.
La Paz Interior es el tesoro más preciado que cada quien posee; se nace con ella; es un don natural que permite el “darse cuenta” de lo que es correcto o no en lo más intimo, frente a lo que se hizo, dijo o se dejó de hacer o decir en un momento determinado y que pasó como si no importara. Se puede engañar a los demás, pero no se puede engañar así mismo por siempre; el más verdugo de los jueces, se encuentra en lo profundo de cada ser humano. Esta Paz Interior es lo que se debe proteger -en un no fácil proceso del día a día- como el más preciado bien. Una vez se pierde por cualquier razón o circunstancia, el infierno de Dante es un hecho. Y a partir de ahí, en medio de la desolación y el dolor, cada quien busca desesperadamente cruzar la Laguna Estigia para encontrar de nuevo su tesoro perdido.
La Paz Interior se pierde en la medida que el ansia de bienes materiales o profesionales se suplanta por las cosas más sencillas y simples que realmente dan felicidad a las personas y que tocan su esencia como ser humano. Cuando se da prioridad a lo que no se Es. Cuando se hacen cosas que van en contra de los principios más internos. Cuando se pierde el poder personal, Cuando una persona deja de ser fiel así misma en sus valores por cualquier razón, da pie a perder su Paz Interior.
Cada quien tiene lo más preciado dentro de sí mismo. Y a veces, en medio de la confusión, se busca afuera lo que ya se tiene dentro. La paz que tanto se busca afuera, sólo es real cuando cada quien aporta algo de sí mismo desde su cotidianidad, con su familia, con los amigos y con las personas desconocidas; es decir, a partir de su propia Paz Interior.
