El incremento registrado de la población joven se ha llamado el “bono demográfico” que se entiende cómo el potencial que representa para el País disponer de una población en edad productiva. Pero esta estructura poblacional encierra, además de oportunidades, grandes retos y grandes riesgos. Al crecer tan rápidamente la población joven, crecen al mismo ritmo las demandas de servicios básicos, de alimentación, atención en salud, educación y de capacidad de absorción de mano de obra
De acuerdo al último Censo poblacional del 2005, se registran 1102 Municipios en Colombia, sin contar con los caseríos que aún no tienen el rango de Municipio. Sin embargo, sólo el 27.1% de la población de 18 a 24 años asiste a un establecimiento educativo formal; edades donde se espera que una alta proporción ingrese al mercado laboral y un subconjunto continúe estudios superiores en un establecimiento educativo. Sin embargo, el mercado de trabajo muestra incapacidad para absorber la oferta de mano de obra juvenil, ya sea por su baja calificación y experiencia o por la mala calidad de la mayoría de los puestos de trabajo que se generan (informales, precarios y de bajos ingresos).
La pregunta que surge es, ¿Qué hacen estos jóvenes una vez finalizan el bachillerato?; basta entonces darse un recorrido por cualquier Municipio de Colombia; o en barrios populares de cualquier ciudad para ver los miles de jóvenes buscando que hacer. Los jóvenes tienen asegurado su futuro hasta la finalización del bachillerato. Posterior a esta fecha, las niñas en su mayoría, tienden a la procreación temprana y los varones a la pérdida de tiempo en los bares y calles.
Es necesario por lo tanto asumir el cambio tanto por parte de los jóvenes, como del Estado para contribuir al fortalecimiento y cambio de la Nación. En los primeros, se requiere cierto grado de autonomía para crear sus propios estilos de vida y proclamar la independencia, la confianza en sí mismos y la competencia social, con fortalecimiento de sus ideales, anhelos y esperanzas por desarrollar; apoyo de sus familias de origen, entre otros. Del Estado, se requiere pensar en las nuevas generaciones como soporte necesario para la evolución de una Nación a través de la facilitación de oportunidades.
Generar oportunidades de educación en los jóvenes que finalizan su bachillerato, es uno de los retos para superar tanto la pobreza como las causas estructurales que la reproducen. La inversión oportuna, suficiente y eficiente en salud y educación, las oportunidades y espacios de participación que permitan el desarrollo de la ciudadanía de la población joven, son la única garantía para aprovechar ese “bono demográfico”.

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