Existen ciertas ideas que se generalizan y se reproducen de generación en generación o de siglo en siglo, aceptándose como dogmas que no tienen discusión; y se repiten porque si, simplemente porque los abuelos lo dijeron o porque forma parte de una creencia popular sin fundamento real o válida. Uno de los más populares es el tema de la carne de cerdo. Dicen que comer mucha hace mal, que es sucia, que no se debe de comer etc.
Al revisar la historia con el antropólogo cultural Marvin Harris, la porcofobia viene de vieja data con judíos, musulmanes y cristianos (libro del génesis y levítico). Donde el cerdo es catalogado como ser impuro, bestia que contamina a quien lo prueba o toca. De igual manera antes del Renacimiento fue catalogado como animal sucio que se revuelca en su propia orina y come excrementos. Maimónedes S. XIII la carne de cerdo tenía un efecto malo y perjudicial para el cuerpo. S. XIX se descubre de que la triquinosis era provocada por comer carne de cerdo.
Sin embargo, mirando más de cerca el porque de estas primeras sentencias políticas y religiosas sobre el cerdo y que se mantienen hasta el día de hoy; mucho tiene que ver con el contexto de los hebreos hijos de Abraham a finales del S. II A.C. Estos vivían en regiones áridas, accidentadas y poco pobladas por lo que la prohibición divina de la carne de cerdo constituyó una estrategia acertada.
El cerdo es ante todo una criatura de los bosques y las riberas de los ríos. Se alimenta de nueces, frutas, tubérculos y granos; lo que lo convierte en un competidor directo con la alimentación del hombre. El cerdo tiene el inconveniente de no ser una fuente práctica de leche. Es muy difícil conducirle a largas distancias. Mal adaptado al clima caluroso y seco. Los cerdos no sudan. El cerdo debe humedecer su piel en el exterior para compensar la falta de pelo protector y su incapacidad para sudar.
Por tanto, una criatura que necesita sombra y agua, no produce leche y come el mismo alimento que el hombre se convirtió en ese momento histórico en un lujo ecológico y económico. Cuánto mayor es la tentación, mayor es la necesidad de una prohibición divina. Lo absurdo, es que hasta hoy s. XXI d.c. se repite como creencia popular de decir que la carne de cerdo es mala, basada en una necesidad económica y de sobrevivencia del s. II a.c.

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