• 17Nov
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    He creído siempre que la práctica está primero que la teoría y además debe dirigirla. Todo cambio debe hacerse paso a paso, de lo más fácil a lo más difícil; en diferentes formas y grados de apertura no de forma radical que quiera solucionarlo todo en breves plazos.

     

    Las cosas y las personas son más complejas de lo que se cree, no complejo desde lo difícil sino desde la trama que envuelve una  consecuencia que la producen múltiples causas. No hay una única causalidad en un hecho ni tampoco es lineal. Son muchas causas que se deben de revisar delicadamente para poder comprender el entretejido que lo rodea.

     

    La práctica hace al maestro dice un proverbio popular; no se puede saber que es el amor realmente si nunca se ha amado, así se haya leído toda la literatura acerca del tema. Es la diferencia entre la comprensión y el entendimiento. De la misma manera como cuando alguien ha perdido a un ser querido, es desde la experiencia vivida que se puede comprender o acercarse un poco al dolor del otro. 

     

    Sólo cuando se viven las cosas se comprenden realmente, se vuelven más claras y es entonces, cuando se puede hablar con propiedad sobre un tema. Antes de esto sólo es teoría, quizás bonita, pero no comprensible realmente.

     

    En la medida del hacer se visualiza mejor el camino, se acomodan las cargas y se toman nuevas decisiones.  Es la práctica, lo que hace el cambio y hace la teoría. Lo primero que sucede a una idea, es llevarla a cabo, comprobar si realmente lo que se piensa es lo que se cree que es. Aunque no siempre vale la pena comprobar lo que se ha visto por espejo de otras personas o lo que por lógica se deduce. Que también es otra forma de práctica.  

     

     

     

     

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