El proyecto “IRACÁ” en el Municipio de San Martín de los Llanos – Meta, es un proyecto pionero e iluminador para los diferentes Departamentos de Colombia que deseen apostarle a la juventud rural; esta liderado por personas que creen en el país y en el potencial de la niñez y la juventud. Cuando se llega a “IRACÁ” se siente la tranquilidad del lugar, y la belleza de su arquitectura armoniza con lo que se vive allí. “IRACÁ” es un centro escolar que reúne cerca de 400 niños, niñas y jóvenes habitantes de diferentes zonas rurales en el Departamento del Meta en calidad de internos y estudiantes externos.
La particularidad del proyecto son varias; entre otras vale la pena destacar:
- Los niños, niñas y jóvenes se desplazan desde los más apartados lugares del Meta para poder estudiar y aprender labores relacionadas con el campo.
- Los niños, niñas y jóvenes tienen vivienda, comida, estudio, ambiente tranquilo, normas claras de convivencia que redunda en su formación personal y profesional.
- El hecho de tener un lugar para vivir y estudiar facilita a las familias del campo la educación de sus hijos a un bajo costo.
- Los niños, niñas y jóvenes estudian su primaria y/o secundaria en la mañana y en la tarde habilidades propias del campo como: ganadería, agricultura, avicultura, cría de pollos, etc. Con apoyo de diferentes entidades educativas expertas en cada tema.
- Uno de los objetivos clave de IRACÁ es buscar la permanencia de las familias campesinas en sus tierras, al contribuir en la formación de sus hijos e hijas en las labores del campo.
- La demografía infantil y juvenil es bastante alta, lo que ha significado una alta demanda por parte de los usurarios campesinos para la matriculación de sus hijos e hijas en este centro educativo juvenil rural, lo que hace que no haya espacios para todos.
En Colombia, la población de más de 30 años en las zonas rurales sólo un 34.9% ha terminado la enseñanza primaria. En secundaria es muy bajo el logro educativo en las zonas rurales, la cobertura apenas supera el 11.8% de los jóvenes y un 8.5% de los mayores de 30 años. Mientras esta realidad exista, es muy esperable que los jóvenes rurales sigan depositando expectativas de mayor integración social por la vía de la migración del campo a la ciudad.
Por tanto la presencia de centros educativos en primaria y secundaria en áreas rurales y la formación para el empleo con calificación en el campo contribuye de un lado, al desafío de reducir la repetición, el rezago, la deserción escolar y procura la mayor continuidad y progresión educativa a través de la presencia permanente de los jóvenes en el centro educativo. Y por otro lado, lo que quiere generar el proyecto “IRACÁ” es una disposición al cambio en las formas de aprender, comunicarse y producir. Se trata de desarrollar en los jóvenes capacidades de adaptación a escenarios dinámicos, donde las competencias básicas de lecto-escritura, pensamiento lógico y matemático se complementan con mayor iniciativa de los educandos, habilidad para generar información propia a partir de la practicidad y el trabajo diario del campo. Allí no hay formulas claras, hay una amplia creencia en la juventud. Todo esto plantea a interrogantes sobre las formas en que la educación debe preparar a los jóvenes para el escenario productivo. La continuidad en las trayectorias laborales y la necesidad de actualización y cambio permanente en las destrezas para el trabajo.
Y para finalizar, en el Llano impacta la amabilidad de su gente, la disposición y jovialidad permanente al trabajo, la sencillez frente a su quehacer diario y su saber; la fuerza y honestidad en lo que dicen. Son gente llena de esperanza, además de creer absolutamente en lo que hacen y en el país.

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