Sorprende ver tantas personas de tantas culturas en todas partes del mundo. Este fenómeno tomó su mayor auge con el fenómeno de la globalización como referente económico en primer lugar. En los últimos 20 años, miles de personas, especialmente de países con economías emergentes han buscado a donde ir como posibilidad de buscar ingresos de un lado y aire de aventura, aprendizaje y búsquedas personales por otro.
Esta migración ha traído encuentros culturales muy fuertes, dadas las diferencias tan marcadas en la formas de ser, de vivir, de concebir el mundo, costumbres religiosas y hábitos de alimentación, vestuario, ideas preconcebidas de infancia o religiosas entre otras. Lo anterior forma parte del inconsciente colectivo aprendido en casa, en el hábitat donde hizo su primera infancia y que requieren para ser cambiadas, transformadas o mejoradas la otra mitad de la vida. Cada una de estas personas tan diferentes, van por el mundo mostrando su “hatillo”, mostrando de dentro simplemente lo que cada uno Es y que por lo demás no pueden mostrar otra cosa en ese interactuar y convivencia cotidiana en lo íntimo o en lo social donde se encuentren porque simplemente son eso.
Cómo entonces concebir ideas de otros tan diferentes a las propias? Cómo entender que el respeto de las personas y las distancias para una conversación son propias de una cultura, que hábitos de cercanía o de lenguaje suenan disonantes para otras culturas? Cómo encontrarse en la diferencia?
Un fenómeno particular es el no tomar como propio el lugar donde se está de visita, en ocasiones abusan de las leyes del Estado no para construir nación sino como forma de abuso donde se encuentran. El no cuidar los lugares donde se vive sea el país de infancia o ajeno, forma parte del abandono y del peso con el que empieza a cargar ese País con este tipo de personas.
Sin embargo, tomar la decisión de salir de esas pequeñas individualidades forma parte de la construcción de civilidad para ser ciudadanos del mundo. No sólo para aportar de la propia cultura de origen, sino para aprender de aquella donde se esté. Es una obligación para el viajero, abrirse a esta nueva cultura como forma de aprendizaje y de respeto por el lugar donde se encuentre.
Los países con economías más establecidas y por cierto, mucho más antiguos, con más historia en su forma de civilización tienen mucho por enseñar y por mostrar a los países más jóvenes. Dichos países han pasado por las guerras que los países más jóvenes no han vivido. El hecho de tener esta historia, de haber pasado por la atrocidad de dos guerras mundiales ha significado de cierta manera, que en la actualidad no deseen saber más de guerras, ni de irrespeto, ni de abuso hacia las personas que les rodean directa o indirectamente. Han construido leyes reales de protección al ciudadano, cada ciudadano normal siente realmente la protección del Estado. Lo que no ocurre en los países más jóvenes donde todo está por construirse y hacerse.
Estos aprendizajes, han hecho que la convivencia sea simplemente de respeto, de libertad, de expresión pero siempre con la convicción del respeto hacia el otro. No de la mentira, del abuso, de la viveza, del engaño, de la competencia desleal, sino del dejar ser a cada quien, de vivir la propia vida con la libertad de aprendizaje permanente y las oportunidades a quien las desee tomar o tenga la formación para verlas.
La migración forma parte del mundo actual. Las fronteras se han roto. Es parte de la responsabilidad de las personas entender que el mundo es su casa, es decir, el lugar donde se encuentra. Y es menester de cada persona hacer de este espacio un mejor lugar, un mejor país, un lugar habitable, sin el añorar espacios donde en el ahora no se encuentra.