• 17Oct
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    A través de la historia, diferentes autores al referirse a las heroínas y héroes de sus novelas hacen hincapié en que la belleza de las personas se encuentra en la juventud.

     

    Hay con frecuencia una torpe relación con el tiempo y con su transcurso: la incapacidad de entender que el tiempo- sobre todo el de la existencia compartida, vivido en el amor, en la amistad, en los vínculos afectivos de distinta índole- no sólo quita sino que también aporta. Un rostro con los años, se vuelve también más intenso, se enriquece de significado; un cuerpo amado durante mucho tiempo encierra más seducción, más acicates.

     

    Con el actual PhotoShop impresiona el “perfeccionamiento” que hacen de las fotos, le quitan toda huella humana posible; las arrugas, las pecas, lunares, movimientos de la piel, venas y hasta los músculos. Quedan seres alejados de cualquier expresión de vida. Y con la cirugía plástica impresiona la igualdad que hacen de las personas. Todas con la misma nariz, el mismo estilo de busto, cadera, nalgas. Iguales como copias de robots con los mismos movimientos.

     

    Mutilan a las personas quitándole las huellas de lo que han sido. Le quitan su esencia convirtiéndoles en casi máquinas de sonrisa social.

     

    ¿La vida acaso no se encuentra en la fidelidad a las amistades, la cultura, la fineza, los firmes propósitos, la libertad de servilismos en relación a los poderosos, el desinterés y la generosidad?.  ¿La ocurrencia y el ser ajeno a cualquier cursilería; el tener un carácter auténtico, propio de la seducción y la inmarcesibilidad del encanto personal?

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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