• 29Oct
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    Enhorabuena la unión de 10 universidades de Latinoamérica, colegios, bibliotecas y centros académicos y culturales, para trabajar en la defensa de los entornos universitarios y culturales libres de la proliferación incontrolada de cantinas, bares que desvirtúan el trabajo educativo en detrimento del medio ambiente y la calidad de vida de los jóvenes estudiantes.

     

    Es vergonzoso el paso por estos lugares como vía obligada para el ingreso a las universidades, no sólo por ver estos lugares de bajo perfil, sino lo que ocurre allí, además de la música de mal gusto obligada a escuchar como contaminante ambiental.

     

    Cada estudiante que asiste a sus clases diarias, casi es “retenido” por los amigos que allí se encuentran, antes de salir de clase para que no asista o posterior a ellas, esto sin importar la hora de inicio o finalización, el bar o cantina, siempre se encuentra abierto.  

     

    Cada una de las universidades a su manera han solicitado bajar el volumen, han pedido el distanciamiento de estas cantinas de los centros educativos, pero la respuesta siempre ha sido negativa; están supuestamente en su libre derecho de estar no sólo en esa ubicación estratégica para ellos, sino de poner la música y al volumen que quieran, además de vender el licor que les apetezca. Todo en aras del buen negocio.

     

    Contrastan las dos ideas; una la de formar profesionales, promoviendo la idea de educar para un mejor País y por otro, el gran consumo de  licor casi diario, el escuchar música tan de baja calidad, con letras tan ordinarias, que quizás se pueda entender que sea escuchada por personas que no tengan muchas oportunidades de formación, pero es terrible ver esto en jóvenes que forman parte de sólo el 4% que tienen la oportunidad de ser profesionales en este país. 

     

    Mucho por aprender de países donde el ruido ambiental es considerado una violación a los derechos individuales y donde el consumo de alcohol se hace siempre en presencia de comida o reuniones sociales, contrario a lo que se ve en los jóvenes universitarios de países con economías emergentes.

     

    Cuando los hábitos se masifican y forman parte de la cultura de una población, todo se acepta, hasta lo más inverosímil, todo es normal,  todo es válido. Así va perdiendo cada uno, paso a paso, la vergüenza y por ende el País.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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